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A 117 años de su muerte

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Van Gogh: Morir frente a un trigal
 

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Vincent van Gogh: autorretrato

Por Luis Eduardo Podestá

 

Vincent Van Gogh tuvo una vida conmovedora y una muerte trágica que selló un periodo artístico muy breve, pero que lo ubicó para siempre en el olimpo de los más grandes representativos del postimpresionismo.

Sorprende el hecho de que su vida artística se redujera a solo diez años, desde 1880 cuando tenía 27 años de edad, hasta su muerte, el 29 de julio de 1890, hace 117 años.

En esos escasos diez años, Van Gogh produjo lo que otros pintores produjeron en toda una vida. De sus obras conocidas se conservan 840 pinturas y más de mil dibujos, aparte de cientos de acuarelas y litografías. Hay que sumar a ellos las cartas que escribió, sobre todo a su hermano Teodoro, que han servido para construir una de las biografías más conmovedoras de cualquier ser humano dedicado al arte.

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Ancana con cofia

Las cartas y su enorme dedicación a la pintura eran una fuga para la dolencia mental que desde mucho antes comenzara a sufrir y de la cual él tenía plena conciencia. Ellas describieron su estado de ánimo, sus razones para pintar cipreses, o las flores de un jarrón o los objetos de una naturaleza muerta. Informan de lo que pensaba, de lo que leía, de las personas que hablaban con él, de los pequeños acontecimientos de su vida cotidiana.

Millones de copias de sus Doce girasoles, cuyo original se encuentra en la Nueva Pinacoteca  de Munich y de sus cipreses adornan las salas de miles de hogares alrededor del mundo. Muestras notables de los árboles que amaba tanto, son Cipreses bajo el cielo estrellado, Campo de trigo y cipreses, Senda con cipreses o Cipreses y dos mujeres. Y de su humanidad y compasión por los humildes son unas muestras sus Comedores de patatas y su Anciana con cofia.

Antes de descubrir su devoción por la pintura, fue comerciante de arte, se dedicó a la enseñanza, fue minero y ayudante de un evangelizador, pero ninguna de estas actividades le reportó una satisfacción espiritual y menos económica.

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Comedores de patatas

Las cartas y su enorme dedicación a la pintura eran una fuga para la dolencia mental que desde mucho antes comenzara a sufrir y de la cual él tenía plena conciencia. Ellas describieron su estado de ánimo, sus razones para pintar cipreses, o las flores de un jarrón o los objetos de una naturaleza muerta. Informan de lo que pensaba, de lo que leía, de las personas que hablaban con él, de los pequeños acontecimientos de su vida cotidiana.

Millones de copias de sus Doce girasoles, cuyo original se encuentra en la Nueva Pinacoteca  de Munich y de sus cipreses adornan las salas de miles de hogares alrededor del mundo. Muestras notables de los árboles que amaba tanto, son Cipreses bajo el cielo estrellado, Campo de trigo y cipreses, Senda con cipreses o Cipreses y dos mujeres. Y de su humanidad y compasión por los humildes son unas muestras sus Comedores de patatas y su Anciana con cofia.

Antes de descubrir su devoción por la pintura, fue comerciante de arte, se dedicó a la enseñanza, fue minero y ayudante de un evangelizador, pero ninguna de estas actividades le reportó una satisfacción espiritual y menos económica.

Nunca concurrió a alguna escuela o academia de pintura. Solo durante su estada en La Haya, a finales de 1881, recibió algunas clases del pintor Antón Mauwe, que era su primo político, y de quien se distanció para siempre a causa de una relación con Sien Hoornik, una mujer que esperaba un hijo de otro hombre. Tampoco se hizo esperar la reacción de sus padres de quienes también se alejó.

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Campesinos recogiendo patatas

Cuando decidió dedicarse a la pintura, comenzó por reproducir paisajes e hizo dibujos de desnudos femeninos. En estos primeros años reproduce lo que ve y sus trazos no tienen ningún rasgo original. Conoció, merced a las lecturas de numerosos libros, las corrientes del arte imperante en Europa a fines del siglo XIX y se inclina por experimentar trazos diferentes. Así logró imponer su peculiar estilo de pintar los objetos que veía, desde los paisajes amplios y sombríos, hasta las personas de su cercana intimidad, con sus pinceladas cortas de colores vivos.

Apartado de sus padres, se dedicó a pintar paisajes campesinos y  trabajadores, de Drenthe, pero al poco tiempo, sintió el impacto de la lejanía y soledad de esta región del norte de Holanda y decidió volver al hogar paterno, que se había trasladado a Nuenen, en Brabante.

Aquí encontró inspiración en las tejedoras y sus telares y dedicó días enteros a pintar a los campesinos en pleno trabajo. Los críticos  dicen que en esta época, alrededor de 1883, Van Gogh quiso seguir las huellas de Millet, al pintar escenas campesinas bajo los diferentes ángulos que el sol le proporcionaba. En esta época también descubrió su facultad de manejar los tonos oscuros y sombríos que serían la característica de su producción posterior.

En esta época, quizá la más triste y solitaria de su vida, iba por el campo bajo el sol abrasador o cuando llovía o nevaba, metía los pies en el lodo en que estaba convertido el mundo.

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Van Gogh después del incidente con Gauguin

Con Gauguin en Arlés

Invitó a Paul Gauguin, a quien había conocido dos años antes a visitarlo en Arlés, donde se había refugiado una vez más para pintar los cipreses que tanto amaba, los amplios y dorados campos de trigo, las carretas de los campesinos, los puentes sencillos de un solo ojo y los retratos de la gente. En ocasiones, cuando hacía mal tiempo, se quedaba en su cuarto y pintaba su cama, la silla donde había acomodado su pipa, sus zapatos...

A los dos meses de su estada en Arlés, Gauguin fue atacado con una navaja por Van Gogh, quien sufría cada vez más frecuentes accesos de locura. Horas más tarde, arrepentido, Vincent se cortó parte de la oreja derecha  con la misma navaja y llevó el trozo sanguinolento envuelto en un sobre a una bella prostituta de la que estaba enamorado.

Van Gogh continuaba pintando mientras su salud se deterioraba. Después de una breve estada en París donde vivió en casa de su hermano Theo, a quien entregó abundantes cuadros, partió para Auvers-sur-Oise donde hizo amistad con el doctor Paul Gachet, un antiguo médico del hospital de la Salpetierre, gran aficionado al arte.

Vincent alquiló un cuarto en el hospedaje de Arturo Raveaux, en la plaza principal, pero pasaba la mayor parte de su tiempo en casa del doctor Gachet, quien le tenía gran estimación.

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Trigal con campesino a la salida del sol

Frente a un trigal

Fue el mismo doctor Gachet, quien escribió a Theo una breve nota el 28 de julio de 1890: “Lamento en sumo grado venir a turbar su reposo, pero, sin embargo, creo mi deber el escribirle inmediatamente. Hoy, domingo, han venido a buscarme a las 9 de la noche de parte de su hermano Vicente. Cuando llegué junto a él, lo encontré mal. Se ha herido”.

Ese día, Vincent había salido a pintar a una colina desde donde dominaba un dorado campo de trigo. De pronto sacó una pistola y se pegó un balazo en el pecho, debajo de la tetilla derecha. Luego plegó su caballete, regresó a su casa y se acostó en su cama. Dice Pierard: “A pesar de toda una vida de privaciones y de terribles sacudidas nerviosas, este campesino brabanzón había conservado una asombrosa robustez física”.

Aún tuvo ánimo para conversar con el doctor Gachet, que vino a verle

–Creo que he errado el tiro, doctor, ¿qué piensa usted?

El médico trató de reconfortarlo, pero Vincent prosiguió:

– Ah, bueno… ¿quiere pasarme la pipa que está en el bolsillo del saco?

En la mesa de noche cercana había una carta, la última, para su hermano Theo. Parte de ella decía: “Pues bien, en mi propio trabajo, arriesgo mi vida, y mi razón se ha disuelto a medias”.

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Trigal con cipreses

En la madrugada del 29 dejó de existir.

Se levantó una capilla ardiente y en los cortinados que cubrían las paredes se exhibieron algunas de las más bellas pinturas del difunto, que Theo había dispuesto y que fueron admiradas por algunos pintores que llegaron de París.

Fue enterrado en  un pequeño cementerio en la colina desde la cual se veían campos de trigo y los cipreses que tanta admiración, respeto y amor le despertaron.

En la alcaldía del pueblo, se conserva un documento que da cuenta del deceso.

Acta de defunción de Vincent Van Gogh:

“Del veintinueve de julio de 1890, a las diez de la mañana, acta de defunción de Vincent Wilhem Van Gogh, artista pintor, soltero, de treinta y siete años de edad, nacido el treinta de marzo de mil ochocientos cincuenta y tres, en Groot Zunder, Holanda, fallecido hoy, a la una y media de la madrugada, en casa del Sr. Ravoux, hotelero, en esta comuna de Auvers–sur–Oise, dnde residía momentáneamente, sin domicilio fijo, hijo de Teodoro Van Gogh, fallecido y de Ana Cornelia Carbentu, domiciliada en Leyde, Holanda. La presente acta se levanta de acuerdo a la declaración de Teodoro Van Gogh, comerciante en cuadros, de treinta y tres años de edad, hermano del fallecido, domiciliado en París, cité Pigalle, número ocho, y de Arturo Ravoux, hotelero de edad cuarenta y un años. Alejandro Caffin, alcalde, oficial de estado civil, después de hacer su lectura y comprobado el fallecimiento que abajo firmamos”

Seis meses más tarde, en París, en enero de 1891, su hermano Theo también dejaba de existir y su cadáver fue llevado en abril de 1914, a reposar junto al del pintor de los girasoles y los cipreses en la colina rodeada de campos de trigo.

 

(Las ilustraciones pertenecen a Arte e Historia)