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Un combate para la historia
 
Por Marove

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Tradicional y noble pelea de toros en la campiña de Arequipa

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Cuando uno está vencido no queda otra cosa que la fuga

Y llegó el gran día de la pelea de fondo por el Astero de Plata en el Campo Ferial de Cerro Juli, nuevamente disputándose la copa “Alcalde José Luis Velarde Soto”.  Era el año 1973.

Y llegó el gran día de combate.  Dos pares de cuchillas en la testa de los dos toros.  Miles de aficionados pendientes de cada movimiento.

“Rommel” arrancó encontrando sólidamente parado a “Gitanito”.  Y luego se trenzaron en sucesivos tronar de cabezas y cachos que emocionaron al público hasta el delirio.

La lucha era feroz. Sin desmayos ni evasiones.  Ninguno de ellos rehuía la lucha y así fueron transcurriendo los minutos sin que ninguno cediera terreno.

Los miles de espectadores gritaban a todo pulmón.

-¡Es tuyo “Rommel!”

-¡Es tuyo “Gitanito!”

Acosado por el enemigo “Gitanito” retrocedió hasta en tres oportunidades pero nuevamente, con mayores bríos, volvía a la contienda, en medio de vítores, hurras, gritos y apuestas de dinero.  Era un auténtico ambiente de fiesta porque todo el enorme público estaba identificado con los dos gladiadores, unas moles de músculos que se trababan y destrababan y retornaban a la carga sin desmayos.  Fueron 45 minutos inolvidables de combate.

-Apuesto 10,000 soles a “Gitanito”- si desgañitaba desafiando Carlos Alberto Meza, en cada una de sus presuntas estampidas de su astado.

“Rommel” por fin cedió.  Se puso en fuga  con toda la cabeza tinta en sangre.  La tenía prácticamente destrozada.

Los hurras y felicitaciones para Meza Paredes se multiplicaron.  Abrazos de aficionados y parientes.

En cierto momento, rodeado de solemnidad, los jueces le ciñeron al musculoso “Gitanito” el Astero de Plata, un símbolo que perteneció a su rival.  Esa placa colgó del gladiador victorioso pendiendo del una cinta rojiblanca.

Prosiguieron los aplausos y congratulaciones.

Por el rostro curtido por el sol y los crepúsculos y surcado de arrugas de don Carlos Alberto no tardaron en correr las lágrimas de emoción.

-Todo el mundo se abrazaba de mí.  No me dejaban dar ni para atrás ni para adelante.  Se me caían las lágrimas no por cobardía sino como un buen aficionado a las peleyas de toro que soy.

Y mientras “Rommel” marchó al camal, “Gitanito” con sus enamoradas, un par de hermosas vacas, se cobijó en el fresco corral ubicado en la verde campiña.

Meza Paredes, por su parte, retornó a su hogar pletórico de felicidad y alegría, portando entre sus callosas manos la copa “Alcalde José Luis Velarde Soto” y en los bolsillos la suma de 10,000 mil soles.  Eran premios que le habían otorgado por el triunfo de su toro “Gitanito”.  Este astado era bisnieto de “Menelik”.

(Manuel Rodríguez Velásquez)

 

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Nota del editor - En el último número de la Gaceta de la OCMA, editada por la Oficina de Control de la Magistratura del Poder Judicial, aparece en la sección, Mensaje del jefe, el siguiente artículo, que creemos es de interés para todos, especialmente de quienes practicamos la tarea del periodismo.

 

Flagelo de la corrupción,

preocupación de todos

 

Ya está volviéndose asunto de todos los días, leer en los diarios o escuchar en la radio y ver en la televisión informaciones sustentadas en una injusta e irresponsable generalización sobre una supuesta corrupción en el Poder Judicial. Este tema es tratado a veces con los términos tan agresivos e injuriosos que no vale la pena recordar para no echar ácido sobre una herida constantemente abierta.

No podemos afirmar, con el corazón puesto en la verdad, que este Poder del Estado no se halla contaminado por malos elementos que periódicamente proporcionan a los medios de comunicación los insumos requeridos para un menú que es degustado ávidamente por la ciudadanía y  sustenta una tradicional desaprobación.

Pero si observamos el fenómeno desde una perspectiva objetiva y desprejuiciada, podremos ver que en el panorama de nuestra realidad no solo el Poder Judicial sufre el cáncer de esa lacra contra la cual venimos luchando esforzada y abnegadamente con todos los recursos a nuestro alcance. Y aunque no queremos refugiarnos bajo el palio de aquel refrán que dice mal de muchos consuelo de tontos, es necesario tener en cuenta que todas las instituciones del país se hallan en mayor o menor grado afectadas por esa lacra, herencia atávica de comportamientos que alguna vez han justificado o explicado conductas execrables.

Pero con la misma objetividad con que se trata un caso de corrupción policial o en el Congreso de la República -por poner dos ejemplos- debieran ser tratados los casos ocurridos en el Poder Judicial. No se dice la corrupta Policía Nacional, sino el policía fulano de tal protagonizó una cto de corrupción. Tampoco se dice el corrupto Congreso, sino el congresista fulano de tal fue denunciado por tal o cual infracción a la moral o a las leyes.

No reclamamos el ocultamiento de lo malo que pudiera ocurrir , sino una objetividad que le permita a la ciudadanía -con la que tenemos obligaciones sagradas tanto la prensa como los funcionarios estatales- formarse una idea cabal de lo que pasa en uno de los Poderes de su Estado.

Sí es menester incidir en el hecho de que no siempre la prensa actúa con la serenidad que  requiere la opinión pública para formarse una idea de la realidad sin manipulaciones, intenciones aviesas o, solapadamente, afanes de maltratar a un Poder del Estado con la evidente segunda intención de que haciéndolo, se maltrata al gobierno, a la democracia o al estado de derecho que a algunos no les gustan.

Felizmente, la sociedad a la que nos debemos, es cada vez más consciente de los esfuerzos que realizamos en el Poder Judicial en general y en la Oficina de Control de la Magistratura en especial, para revertir nuestra imagen y para que asuma la convicción de que trabajamos para darle un servicio de justicia coherente con sus requerimientos y con  la realidad de nuestros tiempos.

 

Francisco Távara Córdova

Vocal Supremo Jefe de la Oficina de Control de la Magistratura del Poder Judicial

 

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