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Hugo Bustíos (Foto Caretas)

La justicia llega

 

Se entrega principal acusado

por asesinato de Bustíos

 

Dos periodistas bajo el fuego cruzado de sus asesinos

 

El giro que dio este tramo de la historia de un crimen no se esperaba, pues el hombre estaba "no habido" según la jerga judicial y de acuerdo con todos los indicios, no tenía ninguna intención de ser capturado. Por eso la noticia de que se había entregado ante la Sala Penal Nacional que está encargada del caso fue especialmente destacable.

Amador Vidal Sambento, ex capitán del ejército y presunto principal autor de un crimen que ya parecía irresuelto, decidió acudir a la justicia el jueves 5 de julio al tribunal que preside la vocal Clotilde Cavero, quien ha fijado el 10 de julio para la audiencia en que el fiscal debe interrogarlo.

Un caso emblemático, crucial, que en unos meses cumplirá 19 años sin que concluya el reanudado proceso judicial a que dio lugar, fue el asesinato por las fuerzas del orden, a la vista de testigos, de Hugo Bustíos Saavedra, corresponsal en Huanta, Ayacucho, de la revista Caretas.

Se salvó de morir a su lado, Eduardo Rojas Arce, periodista del periódico Actualidad, quien sufrió tres heridas de bala, pese a las cuales pudo huir mientras a Bustíos, herido de muerte por ráfagas de metralla y disparos de arma corta, le colocaban una granada encima que lo pulverizó.

Bustíos, también presidente en Huanta de la sede provincial de la Asociación Nacional de Periodistas, había publicado en Caretas una serie de despachos en que criticaba a las fuerzas del orden por los abusos que cometían en contra de la población civil.

 

Investigaban homicidios

Aquel día, 24 de noviembre de 1988, Bustíos y Rojas Arce, trataban de llegar al fondo de la investigación que habían iniciado sobre los asesinatos de Primitiva Jorge Sulca y su hijo Gregorio, pobladores de Erapata, localidad cercana a Huanta

Los dos llegaron a las cercanías de Erapata y buscaron la casa donde había vivido Primitiva, pero la encontraron ocupada por una patrulla del ejército, que no les permitió el ingreso. Decidieron entonces dirigirse a la base militar de Castropampa en Huanta, para solicitar la autorización para llevar adelante su trabajo periodístico.

En el camino, Bustíos y Rojas se encontraron con policías de civil de la entonces llamada Policía de Investigaciones del Perú (PIP) que se dirigían precisamente al hogar de Primitiva Jorge. Los policías invitaron a los periodistas a acompañarlos, pero los militares les negaron por segunda vez el ingreso a la casa.

Ante la negativa, los periodistas decidieron no demorar más y realizar el trámite directamente ante la autoridad militar de Castropampa, donde finalmente les dieron el permiso. En la gestión de Castropampa, los periodistas estuvieron acompañados por Margarita Patiño, esposa de Bustíos. En esa localidad, el teniente coronel Javier Landa Dupont y Bustíos sostuvieron una conversación privada que demoró entre diez y veinte minutos, durante la cual el militar jefe del destacamento, preguntó al periodista si conocía al líder senderista “Sabino”, quien había sido capturado días antes y querían conocer quiénes eran sus contactos.

La esposa de Bustíos se quedó en Huanta. Los periodistas se dirigieron a bordo de una motocicleta que piloteaba Bustíos a la localidad de Erapata. Cuando llegaron a unos 300 metros de su destino, se encontraron con policías de la entonces denominada Guardia Civil.

Los periodistas siguieron su camino. Como iban en descenso por una pronunciada pendiente, Bustíos apagó el motor de la motocicleta, de modo que estaban rodeados de silencio. Entonces, sin aviso alguno, cuatro individuos con las caras cubiertas por pañuelos, que surgieron de entre unos matorrales al borde del camino y desde una casa abandonada, comenzaron a disparar contra Bustíos y Rojas.

 

Atacados por dos flancos

Los dos gritaron que eran periodistas, pero los atacantes no cesaron de disparar. Simultáneamente otro grupo ubicado al otro lado de la carretera, abrió fuego contra ellos. Bustíos cayó de la motocicleta, y según una investigación de Right Human Wacht y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, herido de muerte, tuvo aún la entereza de gritar a su colega ¡Corre, cojudo! ¡Estos no son senderistas!

Rojas emprendió la fuga en sentido contrario al que llevaban y fue alcanzado por un balazo en el muslo, otro en el brazo derecho y un tercero le rozó el lado izquierdo del abdomen. No se detuvo hasta llegar a la casa de Primitiva Jorge Sulca, donde permanecía la patrulla militar. Mientras corría, Rojas volvió la cabeza y pudo ver cómo uno de los atacantes detonaba una granada sobre el cuerpo de Bustíos.

Dos meses después, el 6 de enero de 1989, Rojas Arce presentó una declaración jurada en que relataba los pormenores de estos hechos, ante la notaria pública María Mujica Barreda en Lima.

Otro testigo excepcional, Alejandro Ortiz Serna, refirió ante la misma notaria que vio a un hombre vestido con blujíns y camiseta blanca, disparar con arma corta automática, “que no hacía mucho ruido” contra Hugo Bustíos. El hombre que disparaba “tenía la piel blanca, cabello crespo y bigote”. El testigo dijo que el hombre era oficial de la base de Castropampa y su apodo era “Ojos de gato”. Tras disparar contra el cuerpo caído de Bustíos, “vi al mismo hombre arrojar una granada sobre su cuerpo”, dijo Ortiz Serna.

El testimonio de Ortiz fue publicado en la revista Caretas número 1055 del 5 de diciembre de 1988. Junto a él hicieron declaraciones a la revista otros siete testigos. Todos coincidieron en que el único que tenía un arma corta en el grupo de atacantes y quien disparó contra el cuerpo caído de Bustíos fue un militar conocido como “Rogelio”, a quien le decían también “Ojos de gato”, cuyo nombre real, se supo más tarde, era Amador Vidal Sanbento

“Allí he visto que los militares estaban sentados al costado de la casa blanca (abandonada). Ahí han estado en la esquina un rato. Esos los que han hecho reventar las balas”, dijo el testigo Alejandro Ortiz Serna, quien añadió que “como a las once y media vinieron dos carros del ejército. En el caserón han bajado varios, algunos con ropa de civil…”

 

Un testigo asesinado

Poco después de formular esas declaraciones, Ortiz Serna fue asesinado junto a otros pobladores de Huanta. Él había solicitado garantías para su vida ante el Procurador General de la Nación en Lima, porque se sentía amenazado.

Así, los principales testigos han desaparecido. A Ortiz que fue asesinado, le siguió dos años más tarde, de muerte natural, víctima de un cáncer, el periodista Eduardo Rojas Arce.

La Comisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que hizo la investigación dijo que “las víctimas habían recibido amenazas por parte del personal militar, que los militares conocían detalladamente el camino que tomarían los periodistas (Bustíos y Rojas), que el atentado ocurrió trescientos metros después de encontrar una patrulla militar y trescientos metros antes de donde estaba estacionada otra sobre el mismo camino”.

Los testigos, incluida la esposa del periodista Bustíos, fueron amenazados por las autoridades policiales, sometidos a interrogatorios y luego liberados sin explicaciones.

En enero de 2007, la cuarta fiscalía superior penal hizo la denuncia penal formal contra Sanbento, líder del ataque a balazos contra Bustíos, y lo acusó del asesinato.

Para llegar a la denuncia fiscal, la justicia ha tenido que superar numerosos obstáculos. Primero el fuero militar declaró inocentes a los presuntos responsables, y en 1993, una sala de la Corte Suprema, integrada por vocales sumisos al dictador Alberto Fujimori, decidió archivar el caso. En 1997 la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante la que fue denunciado el asesinato, declaró que el Estado peruano era responsable de aquel homicidio.